
La sociedad deportiva forjada en el país fue la que fue porque en los últimos años del siglo XIX y en los primeros años del siglo XX, se multiplicó el hábito social de fundar clubes. Este rasgo fundamentalmente fue dado por las clases altas de la Argentina, como producto de admiración a la sociedad inglesa. Pero nuestro país no hubiera sido lo que es, y los clubes no hubieran cumplido su papel socializador y de pertenencia, de no haberse producido otros dos ejes políticos de la época: la inmigración y la educación.
La ola de clubes no se restringió a los grupos dominantes. Otros sectores sociales, con otros orígenes y otra situación económica, se sumaron a la corriente. Estas fueron personas que llegaron a la Argentina en medio de un proyecto que abría las puertas a los extranjeros cuya mano de obra era necesaria para modelar el proyecto de país de quienes mandaban. A estos se les otorgaba la posibilidad de asentarse en el país y crecer económicamente, aunque no le otorgaban derechos políticos…
Junto a este proceso inmigratorio se dieron en el país grandes cambios a nivel educativo. La realización del Congreso Pedagógico internacional (1882), la creación del Consejo Nacional de Educación (1882) y la sanción de la Ley Nacional de Educación (1884) permitieron que los inmigrantes y sus hijos adquirieran conocimientos y se dotaran de otra preparación general, unificando saberes y consolidando una fuerte clase media, la cual más adelante fue determinante en los procesos políticos de nuestro país. Así, esta gran masa de población, este sector popular, encontró en las instituciones deportivas un lugar propio, de unión, donde se organizaron fijando estatutos, pautas económicas, encontrando dirigentes y líderes y captando la atención de otras personas. Pero sobre todas las cosas, canalizando su privación a los derechos políticos. En ese momento, quienes no pertenecían a la clase dominante podían educarse y progresar económicamente pero carecían de la posibilidad de ejercer la política, puesto que el régimen del Presidente Roca negaba el voto al conjunto de la población.
De este modo, y a lo largo de todo ese siglo, los clubes fueron fundamentales en el proceso social y cultural de la Nación, manteniendo en lo más alto los valores de solidaridad, integración, participación y democracia, en especial en los años de gobiernos militares. Aún en las más oscuras y nefastas dictaduras, en los clubes deportivos se intentaba votar y elegir democráticamente a las autoridades.
Así, sin finalidad lucrativa y persiguiendo el bien común como único fin en sus estatutos se impidió que el mercado pudiera modificar sus ideales socio-comunitarios.
Es por esto que cuando se debate la transformación de las entidades deportivas en sociedades anónimas, no sólo se debate el estatus jurídico que debería enmarcar a los clubes, sino, por el contrario, sobre una defensa legítima de la integración social, de la participación, de la salud y de la educación, cerrándole las puertas a la discriminación, la marginación, la postergación y el mercantilismo individualista que poco o nada entiende de lazos comunitarios o vecinales.
* Conclusiones obtenidas luego de presenciar una exposición del Foro Social “Las entidades deportivas en manos de sus socios”